jump to navigation

comiendo juntas 03/11/2009

Posted by suspirodeLord in Relatos.
Tags: , ,
4 comments

Estuvimos las dos hablando desde primera hora de la mañana por teléfono, preparando ilusionadas el momento de la comida que nos habías permitido compartir. Me tranquilizó saber que mi hermana estaba mejor después de la dura sesión que nos habías preparado la noche anterior y así te lo hice saber, mi Dueño, mediante un rápido sms.

Le recordé a mi hermana las instrucciones que le habías dado días atrás, debía escribirte contándote como se había sentido a cada instante de la sesión. Todavía le cuesta mucho escribir y hablar de lo que siente, pero se está esforzando en aprender a desnudar su alma. Me gusta ver que tu labor con ella, mi Dueño, está dando sus frutos y cada día está más centrada y entregada a ti.

El trabajo me tuvo entretenida a mí hasta el mediodía, cuando nos encontramos en el centro comercial, a las puertas de nuestro restaurante favorito. Nos contemplamos satisfechas de como nos habíamos vestido la una para la otra. Las dos habíamos escogido el negro como base para nuestro vestuario y unas botas negras de tacón. Yo con un pantalón que se ajustaba a mis piernas como una segunda piel y ella con una minifalda que a penas cubría sus nalgas. Volvimos a coincidir al querer dejar nuestros pechos libres de sujetador bajo una camisa entallada.

Teníamos tu permiso para mostrarnos nuestro mutuo cariño y bien que lo aprovechamos, mi Dueño, interrumpiendo la larga tertulia con numerosos besos que nos hicieron pasar por una pareja de lesbianas ante los ojos de la mesa vecina. Nos excitaron sus miradas mucho a ambas y, como me has enseñado a ser una perra agradecida, les mostré mis pechos, abriendo ligeramente mi camisa y cumpliendo así la pequeña tarea de exhibición que me habías encomendado. Me contemplaron algo escandalizados, no estoy muy segura si fue por ver mis pezones completamente duros o la inscripción que había en mis pechos y que yo lucía orgullosa.

Mi hermana sonrió cómplice y aún más al decirle al camarero que no tomaríamos postre. La especialidad de la casa es el plátano flambeado, pero tú, mi Dueño, nos tenías reservada otra modalidad mucho más sabrosa y que a las dos nos encanta. Para terminar la comida, unos cafés que mi hermana aderezó con sus propios jugos y un excitante aunque breve juego en el baño que nos puso a las dos totalmente en celo para ti. No hicieron falta grandes cosas, sólo dos pieles rozándose arrodilladas y unos besos llenos de deseo para despertar nuestro lado más salvaje.

Se hacía tarde, no había tiempo ni instrucciones tuyas para más, así que dimos por finalizada la comida, quedando excitadas, con ganas de seguir, de mucho más, pero parando de inmediato porque ese era tu deseo, mi Dueño.